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Archive for the ‘Politica Agropecuaria’ Category

A partir de Octubre se incorporará la declaración jurada aduanera al ingreso de animales, vegetales y productos agropecuarios. Su presentación será obligatoria para todo pasajero o jefe de familia al arribar al territorio por vía aérea, marítima, fluvial, o terrestre.

Politica Agropecuaria – Agromail – Editores – MjZ

A partir de Octubre se incorporará la declaración jurada aduanera al ingreso de animales, vegetales y productos agropecuarios. Su presentación será obligatoria para todo pasajero o jefe de familia al arribar al territorio por vía aérea, marítima, fluvial, o terrestre.

Politica Agropecuaria – Agromail – Editores – MjZ

Hace dos años, uno de los máximos especialistas mundiales en desarrollo económico dijo que la Argentina iba a crecer al 6% anual en los próximos 10 años, mientras que en el foro de Davos, hace dos meses, se pronosticó que lo iba a hacer a razón de 3% anual. ¿Qué importancia tiene este diferente comportamiento para los productores agropecuarios? Mucha, según Juan José Llach, presidente del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana, de la Fundación Mediterránea. Explicó que ?si la economía crece, hay menos posibilidades de que el campo sea sometido a malos impuestos y a regulaciones perjudiciales que aparecen cada vez que la economía funciona incorrectamente.

¿Cuál de las dos proyecciones expuestas es la más precisa? Llach explicó que la primera fue hecha antes de la crisis de Asia, que le causó muchos perjuicios a la Argentina por la violenta caída de precios de los exportables básicos y por la apreciación del peso tras la devaluación de las monedas de la región respecto del dólar, al que está atado por la convertibilidad.

Nuestro país también fue afectado por la devaluación de Brasil y por la pobre respuesta de la política económica argentina frente a la crisis. Con excepción del manejo financiero, donde se impidieron oscilaciones bruscas, no se hicieron las necesarias correcciones en el gasto público y se calculó un crecimiento del PBI que la realidad transformó en caída, lo que obligó a crear los impuestos a la renta presunta y a los intereses. También se aprobó la contrarreforma laboral, que restringió las posibilidades de empleo en un momento de crisis.

Llach afirmó que la convertibilidad es un sistema muy exigente. Tuvo éxito en derrotar a la inflación, permitió crecer a tasas altas durante varios años, pero debe adaptarse y acompañarse de otras medidas en tiempos de crisis; requiere un proceso continuo de reformas para dar buenos resultados.

Con respecto a la recesión actual, dijo que comenzó en los sectores que compiten en el exterior y luego se generalizó promoviendo una caída de 3,5% del PBI. A principios de abril de 1999, hubo un cuarto de hora que se podría haber aprovechado mejor: entraban capitales a Brasil y a la Argentina, se concretó la adquisición de YPF, etcétera. Había una posibilidad de reactivación desde el punto de vista económico, pero la realidad política jugó en contra. Las declaraciones sobre el pago condicionado de la deuda externa y titubeos respecto de la continuidad de la convertibilidad provocaron desconfianza, salida de capitales y efecto tango, por lo que se entró nuevamente en un cono de sombras. El resto del año quedó marcado y obligó a pensar en una recuperación económica recién hacia fines del 99.

Mayor actividad económica en el 2000

Las perspectivas de la economía para el corto plazo lo que resta de 1999- se asocian a volatilidad en la tasa de riesgo país y a incertidumbre sobre Brasil. ¿Puede pasar lo peor en este período, como devaluación forzada por el mercado o que la Argentina deje de pagar la deuda? Según Llach no, pero eso no quiere decir que persuadamos al resto del mundo de ello.

El orador justificó la baja probabilidad de devaluación diciendo que el presidente Menem propuso lo contrario- la dolarización- que la impediría. Por otro lado, para que el próximo gobierno instrumentara una devaluación sin las consecuencias del pasado inflación, fuga de capitales, etcétera- tendría que estar acompañada de una cantidad de reformas estructurales que, si se hicieran, harían innecesaria la devaluación. Una devaluación chiquita no alcanza, ironizó Llach.

Las medidas estructurales deberían incluir la reforma laboral, el déficit fiscal cero, la total desregulación de los servicios públicos. Si se concretan esos ajustes, no se necesitará depreciar el peso.

El ejemplo de la devaluación brasileña, que aumentó la competitividad de las exportaciones sin provocar fuertes efectos negativos sobre la población, no es aplicable a la Argentina, según Llach: el país vecino no alcanza el grado de dolarización del nuestro. No tiene, por ejemplo, depósitos en dólares, ya que están prohibidos; en la Argentina son el 60% de los certificados. Nuestro país debe alcanzar mayor competitividad por una vía distinta de la devaluación, a juicio de Llach.

Las perspectivas de mediano y largo plazos del 2000 al 2003- están asociadas a la situación internacional y al programa económico del próximo gobierno. En los últimos meses cayó el Producto Bruto, el déficit fiscal es muy elevado 7.000 millones de dólares; 2,5% del PBI- y la deuda externa equivale al 42% del PBI. La tasa de desempleo es del 14,5%, con una problemática social que no se puede ocultar, y hay un clima de incertidumbre y de escepticismo entre los operadores. Surge la duda de si lo vivido en la Argentina en la primera parte de la década del 90 fue un accidente o si nuestro país puede continuar con un crecimiento importante.

Por el lado internacional se puede esperar la resolución de la mitad de los problemas argentinos, pronosticó Llach. Luego de la crisis asiática, muchas monedas se valorizaron respecto del dólar y eso determinó, indirectamente, una devaluación del peso del 25-30% con respecto a los países de esa región. El ejemplo típico es Japón, que pasó de 140 a 111 yens por dólar. La Argentina tuvo, entonces, ganancia de competitividad respecto de esos países. Éste es un fenómeno importante, porque la participación de Asia en el crecimiento del comercio mundial es del 82%, con fuerte incidencia en la soja y en los aceites vegetales.

La evolución del precio de los commodities tendrá mucho que ver con la evolución de las economías asiáticas, que están creciendo: Corea lo hace al 6% anual, Japón empezó a crecer, lo mismo que Tailandia y Filipinas. Este proceso no está consolidado, pero se nota un cambio cualitativo respeto del año pasado. La gran ?locomotora? del consumo de commodities es Asia y los productores tienen que seguir de cerca su evolución, enfatizó Llach.

Al considerar específicamente las expectativas de crecimiento de la Argentina, dijo que nuestro país enfrenta cuatro alternativas: la más desfavorable que incluye la perspectiva de Brasil en crisis y un programa económico ortodoxo del nuevo gobierno argentino- daría lugar a un crecimiento del 1 al 3% en el 2000. La más favorable -con Brasil con economía estable y un programa económico productivista elevaría el crecimiento al 5-7%, con valores intermedios en las demás situaciones Ver cuadro.

CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA ARGENTINA EN EL 2000 %

Escenarios previstos
Ajuste económico ortodoxo, programa productivista – Brasil incierto pero estable 3-4 5-7 Brasil en crisis 1-3 3-5

Nadie conoce la orientación de la política económica del próximo gobierno, pero si se arribara a un escenario de alto crecimiento habría posibilidades de mejores políticas para el sector agropecuario. Llach es moderadamente optimista en este sentido, ya que están dadas las condiciones para desarrollar un programa productivista con más desregulaciones, nueva política impositiva, hábil política externa-, aunque no descarta un camino que incluye aciertos y errores. Avizora una transición política pacífica hasta diciembre de 1999, sin impactos traumáticos sobre la economía como los vividos en 1989. Y en materia de commodities, afirma que hay consenso entre los analistas en que se orientan, lentamente, en buena dirección.

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Llach dijo que el crecimiento del comercio mundial desde 1980 a 1995 muestra distintas tasas según productos: alimentos procesados aumentó el 8,3%; productos de la ganadería 6,9%; horticultura 6,6% y commodities sin elaboración apenas un 2,1%. La estructura de la demanda mundial sigue ese patrón y la Argentina tiene asignaturas pendientes en ese aspecto, por lo que debe comenzar a transitar una etapa de producción con mayor valor agregado, en compañía de la industria.

Politica Agropecuaria – Agromail – Lectores

Hace dos años, uno de los máximos especialistas mundiales en desarrollo económico dijo que la Argentina iba a crecer al 6% anual en los próximos 10 años, mientras que en el foro de Davos, hace dos meses, se pronosticó que lo iba a hacer a razón de 3% anual. ¿Qué importancia tiene este diferente comportamiento para los productores agropecuarios? Mucha, según Juan José Llach, presidente del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana, de la Fundación Mediterránea. Explicó que ?si la economía crece, hay menos posibilidades de que el campo sea sometido a malos impuestos y a regulaciones perjudiciales que aparecen cada vez que la economía funciona incorrectamente.

¿Cuál de las dos proyecciones expuestas es la más precisa? Llach explicó que la primera fue hecha antes de la crisis de Asia, que le causó muchos perjuicios a la Argentina por la violenta caída de precios de los exportables básicos y por la apreciación del peso tras la devaluación de las monedas de la región respecto del dólar, al que está atado por la convertibilidad.

Nuestro país también fue afectado por la devaluación de Brasil y por la pobre respuesta de la política económica argentina frente a la crisis. Con excepción del manejo financiero, donde se impidieron oscilaciones bruscas, no se hicieron las necesarias correcciones en el gasto público y se calculó un crecimiento del PBI que la realidad transformó en caída, lo que obligó a crear los impuestos a la renta presunta y a los intereses. También se aprobó la contrarreforma laboral, que restringió las posibilidades de empleo en un momento de crisis.

Llach afirmó que la convertibilidad es un sistema muy exigente. Tuvo éxito en derrotar a la inflación, permitió crecer a tasas altas durante varios años, pero debe adaptarse y acompañarse de otras medidas en tiempos de crisis; requiere un proceso continuo de reformas para dar buenos resultados.

Con respecto a la recesión actual, dijo que comenzó en los sectores que compiten en el exterior y luego se generalizó promoviendo una caída de 3,5% del PBI. A principios de abril de 1999, hubo un cuarto de hora que se podría haber aprovechado mejor: entraban capitales a Brasil y a la Argentina, se concretó la adquisición de YPF, etcétera. Había una posibilidad de reactivación desde el punto de vista económico, pero la realidad política jugó en contra. Las declaraciones sobre el pago condicionado de la deuda externa y titubeos respecto de la continuidad de la convertibilidad provocaron desconfianza, salida de capitales y efecto tango, por lo que se entró nuevamente en un cono de sombras. El resto del año quedó marcado y obligó a pensar en una recuperación económica recién hacia fines del 99.

Mayor actividad económica en el 2000

Las perspectivas de la economía para el corto plazo lo que resta de 1999- se asocian a volatilidad en la tasa de riesgo país y a incertidumbre sobre Brasil. ¿Puede pasar lo peor en este período, como devaluación forzada por el mercado o que la Argentina deje de pagar la deuda? Según Llach no, pero eso no quiere decir que persuadamos al resto del mundo de ello.

El orador justificó la baja probabilidad de devaluación diciendo que el presidente Menem propuso lo contrario- la dolarización- que la impediría. Por otro lado, para que el próximo gobierno instrumentara una devaluación sin las consecuencias del pasado inflación, fuga de capitales, etcétera- tendría que estar acompañada de una cantidad de reformas estructurales que, si se hicieran, harían innecesaria la devaluación. Una devaluación chiquita no alcanza, ironizó Llach.

Las medidas estructurales deberían incluir la reforma laboral, el déficit fiscal cero, la total desregulación de los servicios públicos. Si se concretan esos ajustes, no se necesitará depreciar el peso.

El ejemplo de la devaluación brasileña, que aumentó la competitividad de las exportaciones sin provocar fuertes efectos negativos sobre la población, no es aplicable a la Argentina, según Llach: el país vecino no alcanza el grado de dolarización del nuestro. No tiene, por ejemplo, depósitos en dólares, ya que están prohibidos; en la Argentina son el 60% de los certificados. Nuestro país debe alcanzar mayor competitividad por una vía distinta de la devaluación, a juicio de Llach.

Las perspectivas de mediano y largo plazos del 2000 al 2003- están asociadas a la situación internacional y al programa económico del próximo gobierno. En los últimos meses cayó el Producto Bruto, el déficit fiscal es muy elevado 7.000 millones de dólares; 2,5% del PBI- y la deuda externa equivale al 42% del PBI. La tasa de desempleo es del 14,5%, con una problemática social que no se puede ocultar, y hay un clima de incertidumbre y de escepticismo entre los operadores. Surge la duda de si lo vivido en la Argentina en la primera parte de la década del 90 fue un accidente o si nuestro país puede continuar con un crecimiento importante.

Por el lado internacional se puede esperar la resolución de la mitad de los problemas argentinos, pronosticó Llach. Luego de la crisis asiática, muchas monedas se valorizaron respecto del dólar y eso determinó, indirectamente, una devaluación del peso del 25-30% con respecto a los países de esa región. El ejemplo típico es Japón, que pasó de 140 a 111 yens por dólar. La Argentina tuvo, entonces, ganancia de competitividad respecto de esos países. Éste es un fenómeno importante, porque la participación de Asia en el crecimiento del comercio mundial es del 82%, con fuerte incidencia en la soja y en los aceites vegetales.

La evolución del precio de los commodities tendrá mucho que ver con la evolución de las economías asiáticas, que están creciendo: Corea lo hace al 6% anual, Japón empezó a crecer, lo mismo que Tailandia y Filipinas. Este proceso no está consolidado, pero se nota un cambio cualitativo respeto del año pasado. La gran ?locomotora? del consumo de commodities es Asia y los productores tienen que seguir de cerca su evolución, enfatizó Llach.

Al considerar específicamente las expectativas de crecimiento de la Argentina, dijo que nuestro país enfrenta cuatro alternativas: la más desfavorable que incluye la perspectiva de Brasil en crisis y un programa económico ortodoxo del nuevo gobierno argentino- daría lugar a un crecimiento del 1 al 3% en el 2000. La más favorable -con Brasil con economía estable y un programa económico productivista elevaría el crecimiento al 5-7%, con valores intermedios en las demás situaciones Ver cuadro.

CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA ARGENTINA EN EL 2000 %

Escenarios previstos
Ajuste económico ortodoxo, programa productivista – Brasil incierto pero estable 3-4 5-7 Brasil en crisis 1-3 3-5

Nadie conoce la orientación de la política económica del próximo gobierno, pero si se arribara a un escenario de alto crecimiento habría posibilidades de mejores políticas para el sector agropecuario. Llach es moderadamente optimista en este sentido, ya que están dadas las condiciones para desarrollar un programa productivista con más desregulaciones, nueva política impositiva, hábil política externa-, aunque no descarta un camino que incluye aciertos y errores. Avizora una transición política pacífica hasta diciembre de 1999, sin impactos traumáticos sobre la economía como los vividos en 1989. Y en materia de commodities, afirma que hay consenso entre los analistas en que se orientan, lentamente, en buena dirección.

AGREGAR VALOR

Llach dijo que el crecimiento del comercio mundial desde 1980 a 1995 muestra distintas tasas según productos: alimentos procesados aumentó el 8,3%; productos de la ganadería 6,9%; horticultura 6,6% y commodities sin elaboración apenas un 2,1%. La estructura de la demanda mundial sigue ese patrón y la Argentina tiene asignaturas pendientes en ese aspecto, por lo que debe comenzar a transitar una etapa de producción con mayor valor agregado, en compañía de la industria.

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